Dulcinea, la yegua que cambió mi vida (I)

Nov 11, 2014 Sin comentarios por

Son muchos los caballos que han marcado mi vida. En realidad son todos los que de una u otra manera se han cruzado conmigo. O yo con ellos. Todos han dejado su huella; a su manera.  A todos ellos va dedicado este blog. Y, de alguna manera todos y cada uno de ellos están presentes en las historias, notas y leyendas que aquí escribo.

Pero si hay un caballo que ha cambiado mi vida es Dulcinea. Aquí la tenéis. Os la presento.

Yegua Dulcinea corre por un prado

Es una yegua castaña. De lo más normal. Cruzada. Ni sé, ni me importa de qué raza.  Dulcinea es única; como todos. Y especial; como todos. Pero… ¿por qué os hablo de ella? Pues porque su llegada a mi vida ha marcado un antes y un después. Tengo un a.D (antes de Dulcinea) y un d.D (después de Dulcinea).

Dulcinea vive en mi casa, pero no es mía. Es de mi amiga Virginia. Bueno, en términos legales, tampoco. Ella la adoptó. Es de  CYD Santa María. Esta asociación la rescató hace años. Dulcinea es una yegua maltratada. Nos dijeron que era un caso muy especial porque había sufrido diversos tipos de maltratos y por personas distintas. Tanto maltrato le ha dejado huellas imborrables en el cuerpo y en el alma. Tantas que Concordia y Virginia habían decidido no darla en adopción para no correr el riesgo de que volviera a sufrir. El día que las cuatro nos conocimos, cambiaron de opinión. Entonces no supe porqué. Ahora sí. Ellas lo sabían. No sé cómo, pero intuyeron lo que iba a pasar.

Dulcinea ha sobrevivido a tanta humillación, frustración y dolor a causa del ser humano que, después de haber recobrado la autoestima en el albergue del CYD, examina cada acción, cada gesto de cada persona. Aunque su carácter es sereno, está siempre en estado de alerta. No tolera que invadas su espacio vital, ni que le tires del ramal, ni ningún tipo de presión… Se pone a la defensiva. No cede. Tampoco agrede. Imagino que ante el uso de la fuerza si no tuviera otra salida y se viera obligada podría llegar a atacar. No lo sé. Jamás la he puesto en esa tesitura, ni la pondré. Como decía, cuando se siente presionada, entra en una especie de shock.

Manejar a Dulcinea es manejar ‘material’  muy sensible. Ultra frágil. Y eso nos ha obligado a ir con pies de plomo con ella. Con su comportamiento, Dulcinea nos ha enseñado a ser más pacientes, imaginativas, respetuosas, cariñosas, firmes (pero no duras), constantes… y sobre todo a no rendirnos.

Durante meses, cada día, nos estuvo sometiendo a un duro examen. Nos ponía a prueba. Era como si quisiera saber si de verdad podía confiar en Virginia y en mí. Hubo momentos en los que creímos que nunca conseguiríamos traspasar esa coraza de miedo y desconfianza, pero desde el CYD nos recordaban la receta para su total sanación: tiempo, constancia y amor. Amor, sobre todo.

Yeguas Dulcinea e Iza, arrascándose

Sé que Dulcinea nos ha elegido como su familia. Me lo dijo un día que la llevé al ruedo para pedirle perdón por no saber más de caballos, por no saber bien qué hacer para ayudarla a confiar,  le dije que ya no sabía cómo demostrarle que ni yo ni Virginia jamás le haríamos daño. Me senté en el suelo y lloré. Me sentía incapaz, triste y agotada. Dulcinea se acercó. Tocó mi cabeza con su hocico. Luego olió mi cara mojada y se desplazó hasta colocarse justo a mi espalda, situando sus patas delanteras detrás de mi cuerpo y cubriendo mi cabeza con su pecho y cuello. Y lo sentí. Su perdón. Su amor. Su confianza. Me dijo que su corazón no podría aguantar otra decepción. Ese día le hice un juramento: jamás la traicionaría. Jamás la abandonaría.

Dulcinea es hoy día una yegua feliz. La líder de una pequeña manada, a la que cuida y da caña. Vive rodeada de cariño y le encanta interactuar con las personas que nos visitan. De vez en cuando nos pone a prueba, creo que es más que nada para recordarnos nuestro compromiso. A nosotras nos gusta que lo haga.

Pero…  ¿por qué Dulcinea ha cambiado mi vida?

La respuesta en el siguiente artículo.

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